El pañuelo atado a la cabeza no impide que unas gruesas gotas de sudor caigan peligrosamente hacia los ojos, de cejas poco pobladas, de nuestro “ruso de mierda”. Esas palabras le resqueman más que el propio sudor en los ojos.

Cansado ya de intentar incentivar el arte en su comunidad, su estoicidad ante burlas y críticas es como el de los carámbanos de frío hielo colgando de las cornisas en los crudos días de invierno. No es que no le afecten, pero él está por encima de esas niñerías y sus ideales altos de preservar el arte en este mundo en declive, le hacen ser duro e inflexible ante los constantes reproches. Por eso cuando ayer escuchó la conversación, entre Pepe, el granjero jefe de la comunidad y David, el “alcalde” de Covarrubias, creyó que era el momento de ser partícipe de algo diferente. La frase apostillada por “ruso de mierda” que tanto lo rabiaba, fue dicha por Pepe y aunque David le daba manga ancha a “sus cosas artísticas”, siempre respondía a las críticas sobre su persona con la típica evasiva de; “deja al Ruso, ya sabes que está un poco loco”. Pero el ser acusado, un día sí y otro también, de no participar en las labores del pueblo no lo lograba entender, él, que todos los días hace ejercicios con los más jóvenes, él, que intenta  inculcar todas las vertientes del arte a los futuros habitantes de la Tierra, él, no contaba… Mentes obtusas, el arte nunca fue comprendido debidamente, pues siempre ha habido demasiada estupidez en el mundo y eso sí que no ha cambiado. Eso piensa en estos momentos mientras se pasa la manga por la cara.

Intentó pensar en algo positivo: La imagen del pequeño Raúl dando sus primeros pasos de ballet hace unas semanas y el hecho de que le abrazase entre lágrimas para que no se fuese en esta expedición, fue uno de los momentos de su vida en que más se le enterneció el corazón. No obstante no podía demostrarlo, lo separó de su cuerpo y le dijo:

–Barbilla alta. Primera posición. Si, muy bien. Segunda. Bien. Tercera… Esos brazos ¡no deben caer! Practicas más para mejorar. ¿Si? Bien– Y es que la disciplina para todo arte es muy importante.

Cuando él era pequeño no le dieron opción, él no escogió ser primer bailarín del ballet ruso, pero con el paso del tiempo y mucha de esa disciplina se convirtió en ello y estaba orgulloso de sus esfuerzos. Los demás no tenían culpa de ser peores y él no era culpable de ser tan jodidamente bueno. No fue su intención, la metodología estricta impuesta en la Academia Vagánova de San Petersburgo lo dictó así, sacó de él al bailarín solitario en que se convirtió, como cuando un escultor a base de cinceladas descubre que debajo del mármol hay una bella estatua. Precisamente eso le hubiera gustado hacer, esculpir la realidad desde la basta e informe esencia de la tierra. Mármol, madera, piedra, metal transformándose y tomando forma. Por eso él decía que no bailaba, que él solo hacía esculturas de sí mismo y que las iba esculpiendo ensayo tras ensayo. Lo dijo en una entrevista y por eso lo llamaron Mramora (mármol en ruso) o el bailarín de mármol.

Decididamente no estaba en su mejor momento y recordar los tiempos antiguos donde su fama mundial le avalaba no le hacía sentirse mejor. Pero daba igual, ahora tenía que pedalear.

El aire caliente distorsionaba la imagen de las cuatro figuras encorvadas en sus bicicletas. El Sol de Justicia blandía su espada sobre ellos como si así los nombrase caballeros errantes. Y en verdad era justo y necesario, y no por gracia divina, sino por cuestiones más banales.

Justo.

Justo decir que cada uno de los componentes de la expedición pedaleaba gustoso por la A-1, no sólo porque la comunidad lo necesitaba, sino porque la odiosa monotonía en la que se había convertido la vida rural que llevaban, en su querido y raquítico pueblo, les estaba sentando mal. Y os preguntaréis; ¿por qué?. Siempre hay diferentes cosas que hacer en Covarrubias y es indudable que, incluso después de Colapsis, seguía siendo un bonito pueblo. Pero unos supervivientes como estos cinco que se dirigían a Aranda de Duero necesitaban emociones más fuertes. Los primeros años habían sido duros y ellos habían sobrevivido gracias a su iniciativa, su capacidad de tomar decisiones rápidas y el actuar enérgicamente ante cualquier situación. Estaban acostumbrados a que la adrenalina surcase sus venas como bólidos en una carrera clandestina, incluso sus vidas antes de “El Gran Colapso”, eran un frenesí al ritmo inquebrantable de las grandes ciudades. Bueno… No tan inquebrantable.

Hace ya muchos meses de la gran confrontación que habían tenido con un grupo de renegados y, después de eso, la rutina en la que se había sumido la vida en el pueblo era como una gran losa sobre sus cabezas. Si, es verdad que podrían aparecer más de esos salvajes salteadores, pero los trabajos para mejorar las defensas habían terminado y ahora se sentían deprimidos y hastiados, sin ganas de levantarse un día más para hacer lo mismo que todas las malditas semanas. Bueno, no todos.

Justo.

Justo había una persona que era la excepción; la precursora de la expedición. La chica rizosa de ojos esmeralda. Ella hubiese preferido estar en el pueblo. Pasaba los días y parte de las noches en su taller, era una manitas y además de poner en funcionamiento toda clase de artilugios era la encargada del mantenimiento de todas las cosas eléctricas. Pero ahora estaba preocupada; necesitaba información. Su gran temor era que el aerogenerador y la red a la que se habían conectado dejarán de funcionar, la electricidad era fundamental para la subsistencia de la comunidad y el mantenimiento del parque eólico era el mayor quebradero de cabeza para “la loca de los chismes”. Ya se habían estropeado un par de molinos, uno no giraba sobre su eje vertical y lo habían reservado por si dejaba de funcionar el activo, el otro un buen día dejó de generar electricidad por mucho que sus enormes álabes diesen vueltas y más vueltas. El resto del parque eólico no funcionaba y no tenía ni idea de cómo arreglarlos pues sus conocimientos sobre la materia eran escasos, ella estuvo toda su vida montando y desmontando aparatos eléctricos de pequeño tamaño y esos equipos enormes le daban un poco de miedo, no podía jugar con ellos. De lo que estaba segura era que esos mastodónticos molinos se irían estropeando poco a poco y no iban a ser fácilmente sustituibles. Dejando de lado los múltiples proyectos y reparaciones que tenía en proceso, decidió ir en busca de conocimiento. Fue fácil convencer a la jefa para que formase la expedición. Además estos cuatro elementos que la acompañaban no paraban de dar problemas y fue la oportunidad perfecta para poder alejarlos de la tranquilidad rural que todos deseaban. Todos menos ellos claro…

Justo

Justo castigo para estos alocados e intrépidos que no sabían más que pasar el rato libre emborrachándose y armando jaleo siempre que estaban ociosos. La gente estaba muy ocupada haciendo sus cosas y hacía tiempo que nadie quería su compañía en los quehaceres diarios. Eran unos ineptos para la gran mayoría de labores y unos toca-pelotas sin igual. Eran los exploradores de la comunidad, los hombres de acción que iban en busca de alguna cosa que se necesitase y que pudiera encontrarse en alguna ciudad o pueblo abandonado de los que ahora tanto abundan. En realidad eran unos parias, pues pocas cosas eran las que necesitaba la comunidad de los antiguos tiempos, con lo que salvando una expedición al mes, el resto del tiempo lo pasaban intentando ayudar molestando.

Esta vez no sólo iban en busca de libros y discos duros de donde poder sacar información técnica y conocimiento. Los cultivos no se cuidaban solos y requerían mucho tiempo y nutrientes. Había un producto que sabían que podía salvaguardar sus cosechas, un fertilizante y fungicida concentrado que les iba a venir muy bien. El estiércol de los animales y ceniza del horno de leña hacía bien su trabajo pero cualquier ayuda era buena y encontrar una sola botella de este producto ya iba a ser todo un hallazgo. A parte, había muchos proyectos pendientes a desarrollar pero siempre había limitaciones en cuanto a materias primas o elementos decisivos para su funcionamiento y ,aunque la supervivencia de la comunidad ahora ya estaba asegurada pues era autosuficiente, siempre se echaban de menos las antiguas comodidades. Todo esto y como no, la búsqueda de medicamentos, era el acicate para librarse de estos personajes.

Justo

Justo en estos momentos se hayaban en una de esas pequeñas aventuras. Nuestros chicos podían protestar y maldecir con voz ronca a causa de la sequedad del ambiente, pero pedalear bajo un sol de justicia les daba la sensación de libertad que tanto necesitaban. Y aunque ellos no lo supiesen, pronto iban a disfrutar de un poco de acción.

El sol no para de calentar el asfalto. Es mediodía, y el aire caliente que irradia la autopista, hace que respirar sea como tragar napalm ardiendo. Los campos de alrededor tienen ese color amarillento tan característico de la meseta, y más teniendo en cuenta que es pleno Junio y hace un par de semanas que no llueve ni se ve una sola nube de ese color gris indicativo de que está preñada de agua.

Un ave rapaz vuela en lo alto, ahí donde hay corrientes de aire caliente que permiten su planeo en busca de presas. Su vista depredadora observa algo raro que no sabe clasificar, algo que va sobre ese suelo gris que tanto le gusta pues es su mejor zona de caza. Un biólogo diría que es lógico, pues el calor que absorbe el asfalto y las cunetas de hormigón de la autopista hacen de ella un lugar ideal para las colonias de roedores, alimento que a este milano que sobrevuela le gusta sobremanera. Pero hace mucho que un biólogo no acostumbra a dedicarse a estudios ornitológicos y precisamente por eso, es por lo que el milano no distingue las figuras de los ciclistas pedaleando bajo el sol. No había nacido cuando esa autopista estaba infestada de coches y nunca vió humanos montados en esos aparatos.

A lo largo de la autopista, cada cierto tiempo se ve un grupo de árboles que podrían dar cobijo y sombra a los miembros de la expedición, y seguro que todos están deseosos de adentrarse en las altas hierbas y tomarse un descanso bajo esas copas de hojas más verdes. Es más, es casi seguro que todos y cada uno de ellos han coincidido, al menos medio segundo, en el pensamiento nada digno de cagarse en el Sol y en todos sus rayos uva. Pero en definitiva solo hay una cosa segura, aunque sea solo desde una perspectiva meramente paisajista; son pocas las cosas que alegran la vista en vez del monótono balanceo al viento de los altos hierbajos resecos, y sin duda esos grupos de árboles son una de ellas. Quizás alguna lagartija entre las hierbas del resquebrajado asfalto sea otra de esas. Quizás… Y quizás por eso el milano se lanza a por uno de esos lagartos.

Por todas estas circunstancias asfixiantes, no es de extrañar que el ritmo de pedaleo sea lento. Tampoco ayuda la cantidad de baches y grietas que hay que sortear. El firme de la autopista A-1 ha sufrido mucho con el abandono de los cinco años que han pasado, sufriendo las constantes agresiones de la intemperie y la naturaleza invasora, y eso que aquí el terreno es llano y la vegetación está bastante contenida por el clima seco de Castilla.

Es gracioso ver la comitiva de los cuatro ciclistas con sus carritos y alforjas, avanzando lentamente con sus ropas descoloridas, con pañuelos y gorras en sus cabezas. Gracioso porque recuerdan otros tiempos en los que se rodaba la vuelta ciclista a España, otros tiempos en los que de niño tu máximo anhelo era que te regalaran una bici… Bueno igual no es tan gracioso…
Cualquiera que estuviese viendo desde muy lejos su avance y apostase intentando adivinar qué es lo que circula por la autopista, no lo acertaría. Hace mucho tiempo que los vehículos rodados son poco vistos en movimiento. Fijándonos en las bicicletas vemos que hay mucha variedad de piezas haciendo que parezcan pequeños artefactos frankensteiños. Sin ir más lejos las ruedas están encintadas, las cubiertas se ven bastante remendadas con parches y eso sí, no parecen hinchadas con aire.
Se ve como el grupo alza sus cabezas poniendo más atención cuando ven que en mitad de la calzada hay coche. Lleva oxidándose años y ha dejado teñidas amplias zonas de suelo de un color que da escalofríos, un color que se asemeja demasiado a la sangre reseca, y eso es algo que han visto demasiadas veces. Tras una breve inspección, siguen su lento avance.

El tiempo pasa acompasado entre respiraciones fuertes y resoplidos, es más de vez en cuando se escucha, dando el contrapunto, alguna palabra rusa dicha en tono lúgubre. El resto del grupo no hace caso de estas palabras, no se sabe muy bien si porque no las entienden o porque saben que son cagamentos por tener que pedalear a esas horas del día. Ya es mediodía y la estampa de todos ellos es bastante trágica con todo ese sudor surcando sus caras ardiendo al rojo vivo.

El que suelta la retahíla en ruso, es el que desentona más, en un grupo de por sí bastante variado. Se nota que es de los países del este; tiene la piel más clara que el resto, con zonas quemadas con tonos carmesíes, los ojos de un color verde esmeralda y la típica fisonomía de rasgos agudos, aunque su color de pelo es negro brillante y no el supuesto rubio platino de los arios. Pero no destaca por nada de eso; destaca por su porte y su elegancia. Se le ve sufrir como todos los demás, pero aparte de los tacos que suelta por lo bajo, no hace ningún aspaviento y mantiene erguido su fibroso cuerpo sin dejar de dar pedales con unas piernas bastante musculosas. Más de uno se ha reído de él por ir con unas raídas mayas de un negro apagado por el uso, pero el desprecio de su silencio siempre es efectivo y ya nadie le dice nada. Complementando su indumentaria, en la parte de arriba lleva una camiseta blanca (o por lo menos de ese color era antes) de manga larga y un pañuelo multicolor atado a la cabeza.

A su lado va una chica menuda con la cabeza gacha y encogida sobre el manillar mirando fijamente la rueda del que tiene delante. Su larga melena castaña le tapa la cara, aunque todo el mundo sabe que sus pecas y ojos vivarachos compensan lo huraño de su carácter y lo poco que es dada a hablar. Las ropas deportivas que lleva acentúan su delgadez y hacen que sus miembros parezcan palillos que se van a romper de tanto dar pedales, no obstante es la que mayor ritmo de pedaleo lleva y sus movimientos repetitivos y exactos, no atisvan ni una pizca de cansancio.

De avanzadilla tenemos dos tipos a cada cual más diferente: Uno joven, el otro mayor. Uno de pelo largo de un castaño claro, el otro pelo canoso al cepillo con entradas. Este último con la piel morena curtida arrugada, el otro con un moreno dorado aceituna sin arruga alguna. El veinteañero un delgado larguirucho, el cuarentón chaparreto de anchas espaldas y barriga prominente. Cada cual con una vestimenta muy diferenciada; la camisa hawaiana y las bermudas del flaco hacen contraste con las ropas militares del gordinflón. Las gracias y ánimos joviales del primero, no permiten que haga sombra el carácter firme y pesimista del otro. Ciertamente es difícil encontrar una pareja tan variopinta, a no ser que intentemos recordar otros caballeros andantes, llamados Sancho y Quijote, cabalgando por un paisaje parecido.

Esta es la comitiva que pedalea rumbo sur, con el sol queriendo aplastarlos en el asfalto, en un mundo que hace mucho (concretamente cuatro años, siete meses y diez días) dejó de ser dominado por la raza humana. En un mundo donde los supervivientes, después de Colapsis, han tenido que sufrir la desaparición de sus seres queridos, luchando por los restos de la civilización, unas veces contra la naturaleza, otras en disputas con el resto de seres vivos.

Cazadores, carroñeros y rebuscadores. Eso son nuestros ciclistas: Supervivientes.

La semana pasada la hemos consagrado a ver cine chungo en el festival que se celebra todos los años por estas fechas en el Antiguo Instituto Jovellanos de Gijón:

Ciclo Cinematográfico Peor…¡Imposible!  XVII Edición

Muchos de los que habéis estado en las proyecciones sabéis que este cine no es para todos los públicos. No por el hecho de contener escenas no aptas para menores, no, sino porque hay metraje que daña la integridad mental de la persona que lo está viendo. Hay veces que no puedes dejar de quedar catatónico, ojiplático y babeante, pues estas imágenes están aterradoramente mal conseguidas y con un sinsentido que solo puede haber maquinado una mente privilegiada o maldita. Sean vestuarios sacados de un baúl de disfraces, bandas sonoras hechas con un teclado Casio de los que teníamos de niños, actores con dotes artísticas bizarras más allá de los payasos de circo o efectos especiales de trabajo escolar… Todo es posible e inimaginable.

Los cúmulos de despropósitos llegan a tal punto que hacen estallar la caja de las risas. Entre reír o llorar solo puedes escoger lo primero, pues sabes, que aunque al realizar la película en cuestión, hayan gastado dinero, tiempo y recursos de toda índole para conseguir un resultado de éxito negativo, el cine de serie Z tiene ese encanto de inocencia consabida, como la que ves en un niño que anda jugando y se mete un piñazo de muy señor mío y no puedes dejar de reirte pues llega a ser ridículo e irreal.

Estas películas no dejan indiferentes a nadie; son muchos los que no aguantan ni diez minutos de film, otros tantos en un momento dado se duermen de aburrimiento, otros permanecen impasibles y en silencio como si fuera un reto el terminar de ver algo que es como una tortura china y que va a ser todo un logro el soportarlo sin mover un pelo.

A mi forma de ver lo mejor es tomárselo con humor, entre risas y comentarios jocosos por lo bajini, ir destripando la película hasta sacarle todo el jugo. Siendo lo mejor la mesa redonda de después, degustando una buena cerveza y reviviendo las “peores” escenas, retorciéndolas, burlándose descaradamente de ellas y admirando lo difícil que es hacerlo tan mal.

Esperemos que el año que viene podamos ver más del peor cine del mundo.

Durante esta semana se publicaran más entradas sobre este evento, con las sensaciones vividas en las películas.
¡Nos leemos!

Querido diario:

Hoy voy a empezar a escribir para un blog friki, pero ya sabes que nunca me he considerado un friki en esencia, siempre he tenido amigos que de verdad se pueden denominar de esa manera y por el aprecio y el respeto que les tengo, siempre he considerado que estoy en un nivel inferior a ellos.

Es verdad que en cada grupo de amigos que tengo (y no son pocos) he podido compartir mi exaltación hacia mis gustos diferenciados de lo común y a veces bastante raros.

Y es que soy de los que cree, que escarbando un poco, todos tenemos un friki en nuestro interior y a poco que conozcas a otra persona se puede descubrir que tiene algún gusto apasionado por alguna cosa que ni te imaginarias de primeras. Cuando empiezo a conocer a alguien siempre busco ese lado oscuro de la fuerza… No, no es oscuro… “Always look on the bright side of life”… La cuestión es que si no encuentro ese matiz oculto de su personalidad, normalmente me preocupo por esa persona, y es que son gente que no tienen una vida demasiado interesante (pobres infelices), por tanto los considero oriundos de ese país llamado Grisonia y trato de que emigren a fronteras más favorables.

Y por si no creéis lo que os digo de que todos tenemos un friki cerca, os voy a poner unos ejemplos que seguramente cualquiera de nosotros podamos tener cerca:

El apasionado de las múltiples series, sean de baja audiencia, de contenidos bastante rarunos o de esas que vemos todos y que, por tanto, estos seres no paran de espoilearnos si no las vemos el mismo día que las retransmiten.

Después están los amantes de las pelis, esos que, cuando hablas de una de ellas, es el primero en dar su opinión o incluso te recita diálogos de escenas tal cual son y puede que hasta poniendo la voz parecida al actor de turno. También en este apartado están los que ven pelis que no conoce nadie y te las recomiendan insistentemente, incluso con vehemencia si te preguntan si la has visto y respondes negativamente. En esas ocasiones tu cara es la del emoticono de la gotona en la cabeza.

No podemos olvidar a los que, cualquier día de estos, se les cae la casa encima, sea por acumulación de vinilos de cuarenta mil grupos musicales, sea por estanterías repletas de cómics, sea por coleccionar libros, miniaturas o cualquier cosa que sea susceptible de ser recopilada con minuciosidad y mucho orden.

Los fanáticos de los videojuegos; quién no tiene un amigo con un pedazo de ordenador de sobremesa o con la última consola del mercado, que se pasa las horas muertas jugando hasta que se le derriten los ojos, es más, los llamas y te dan múltiples excusas para no salir de casa.

Y después están los roleros. Los roleros, en esencia, son esas personas que se juntan para armar de las suyas enfundados en la hoja de un personaje, jugando con él como si fuera su muñeco favorito, haciendo todo lo que no pueden hacer en su vida real y desahogandose así en cualquier multiverso.

¿Y qué es lo que tienen todos en común? Que son gente que disfruta de las buenas historias. Las buenas historias que cuentan los entresijos de la vida real y cosas que van más allá de esta realidad. A toda esa gente le gusta poder imaginar escenas diferentes, relatos que les evadan, narraciones que les hagan pensar, diálogos que les hagan recordar, historias al fin y al cabo…

Bueno, yo soy un poco como todas estas personas que describo, pero a la postre, esto es lo único que puedo decir de mí; que me gusta imaginar historias. Y en esas estamos aquí y ahora, descifrando sueños que simplemente quiero poner por escrito y compartir con todos vosotros.

Nos leemos

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