Colapsis (3) Danzarín en la Meseta

El pañuelo atado a la cabeza no impide que unas gruesas gotas de sudor caigan peligrosamente hacia los ojos, de cejas poco pobladas, de nuestro “ruso de mierda”. Esas palabras le resqueman más que el propio sudor en los ojos.

Cansado ya de intentar incentivar el arte en su comunidad, su estoicidad ante burlas y críticas es como el de los carámbanos de frío hielo colgando de las cornisas en los crudos días de invierno. No es que no le afecten, pero él está por encima de esas niñerías y sus ideales altos de preservar el arte en este mundo en declive, le hacen ser duro e inflexible ante los constantes reproches. Por eso cuando ayer escuchó la conversación, entre Pepe, el granjero jefe de la comunidad y David, el “alcalde” de Covarrubias, creyó que era el momento de ser partícipe de algo diferente. La frase apostillada por “ruso de mierda” que tanto lo rabiaba, fue dicha por Pepe y aunque David le daba manga ancha a “sus cosas artísticas”, siempre respondía a las críticas sobre su persona con la típica evasiva de; “deja al Ruso, ya sabes que está un poco loco”. Pero el ser acusado, un día sí y otro también, de no participar en las labores del pueblo no lo lograba entender, él, que todos los días hace ejercicios con los más jóvenes, él, que intenta  inculcar todas las vertientes del arte a los futuros habitantes de la Tierra, él, no contaba… Mentes obtusas, el arte nunca fue comprendido debidamente, pues siempre ha habido demasiada estupidez en el mundo y eso sí que no ha cambiado. Eso piensa en estos momentos mientras se pasa la manga por la cara.

Intentó pensar en algo positivo: La imagen del pequeño Raúl dando sus primeros pasos de ballet hace unas semanas y el hecho de que le abrazase entre lágrimas para que no se fuese en esta expedición, fue uno de los momentos de su vida en que más se le enterneció el corazón. No obstante no podía demostrarlo, lo separó de su cuerpo y le dijo:

–Barbilla alta. Primera posición. Si, muy bien. Segunda. Bien. Tercera… Esos brazos ¡no deben caer! Practicas más para mejorar. ¿Si? Bien– Y es que la disciplina para todo arte es muy importante.

Cuando él era pequeño no le dieron opción, él no escogió ser primer bailarín del ballet ruso, pero con el paso del tiempo y mucha de esa disciplina se convirtió en ello y estaba orgulloso de sus esfuerzos. Los demás no tenían culpa de ser peores y él no era culpable de ser tan jodidamente bueno. No fue su intención, la metodología estricta impuesta en la Academia Vagánova de San Petersburgo lo dictó así, sacó de él al bailarín solitario en que se convirtió, como cuando un escultor a base de cinceladas descubre que debajo del mármol hay una bella estatua. Precisamente eso le hubiera gustado hacer, esculpir la realidad desde la basta e informe esencia de la tierra. Mármol, madera, piedra, metal transformándose y tomando forma. Por eso él decía que no bailaba, que él solo hacía esculturas de sí mismo y que las iba esculpiendo ensayo tras ensayo. Lo dijo en una entrevista y por eso lo llamaron Mramora (mármol en ruso) o el bailarín de mármol.

Decididamente no estaba en su mejor momento y recordar los tiempos antiguos donde su fama mundial le avalaba no le hacía sentirse mejor. Pero daba igual, ahora tenía que pedalear.

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