Colapsis (7) Sírvase usted mismo

Las cuatro figuras entran por el vidrio roto; el primero es Enrique, el veterano ex-policía que saca su puñal; después el de camisa floreada, el Doctor Andrés, demostrando su natural despreocupación con las manos en los bolsos de sus bermudas; tras éste la menuda Tony, que desde el momento que cruza la cristalera, se pone a buscar cachibaches útiles para sus trabajos en el taller; el último en entrar, cerrando el paso con sus maneras gráciles de bailarín, es Ivan.

 

Enrique se dirige hacia la escalera con paso firme y el cuchillo de monte en la mano. Como siempre va a dar una batida al edificio.

El doc se apoya en la barra de la recepción con la chulería que acostumbra.

Tony da la vuelta y se introduce por el otro lado de la barra donde hay un bonito estropicio de cristales rotos. Se pone los guantes de cuero y empieza a rebuscar.

Ivan se queda en medio del hall, observandolo todo en amplitud con las manos cruzadas a la espalda, cogiendose los codos.

El nombre de bodegas Portia con luces de neón reventadas donde prácticamente solo queda la base que conformaban las letras. Los espejos de esa pared todos resquebrajados. El polvo inundando todo el vestíbulo levantándose con los pasos y formando volutas que destacan gracias a los rayos de luz que traspasan los cristales sucios que todavía no están rotos. Todo esto es lo que está mirando Ivan, con regia seriedad, capturando su belleza decadente y tratando de pensar y asimilar el momento:

Hoy día arte significa otras cosas. Arte significa esencia primigenia entre caos…

-Jummmm-

Arquitectura original esta, no suele haber en la región cosas igual. Parece que aquí servían buenas comidas. No creo que mi gusto, aquí ser muy carnívoros… Tengo que mirar en tejados, trepando talud hasta el techo de edificio, si. Seguro que encuentro alguna lagartija o algo parecido, verdad, necesito proteínas, aunque no sea carnívoro.

 

Tras mucho cacharrear la que encontró algo fué Toni, siempre hay elementos electromecánicos que se pueden reciclar, pero su transporte es un problema y es consciente, de que no pueden cargarse con cosas que dificulten el principal objetivo de la misión. Todos los elementos que podrían servir para el pueblo los deja meticulosamente grabados en la base de datos de su tablet. Cuando los necesiten ya sabe donde venir a buscarlos.

 

Andrés consiguió que Enrique le dejase mirar la mordedura de su pierna. Limpió la herida, se la vendo adecuadamente y en estos momentos paseaban juntos por las bodegas comprobando si quedaba algo en los barriles. Tuvieron suerte y pudieron sacar con maña algo de vino. Todas las botellas habían sido expoliadas y solo quedaban las manchas y cristales rotos por el suelo, de lo que en un pasado, debía de haber sido una gran reserva.

 

Optaron por comer algo, en una de las mesas del comedor del restaurante que había en el mismo edificio. Por los restos de la decoración parecía ser bastante elegante, sobretodo para ser un sitio apartado de las grandes urbes y al lado de una autopista. Sacaron sus provisiones pues no estaban en un selfservice, no encontraron nada que se pudieran aprovechar en todo el edificio. Se pusieron a disponer una de las mesas del restaurante para comer, todo ello en silencio.

Ivan se había ido a la cocina con su pincho moruno de lagartijas y ahora volvía con ellas totalmente churruscadas y humeantes. Mientras caminaba hacia la mesa cercana a un ventanal donde estaban el resto de comensales, miraba todo a su alrededor pensando:

Un día de restaurante, quien pensaría esto. Diferente con el día de siempre y con comida exótica. Mejor mentalizarme, con tomate de huerta de pueblo más fácil comer.

 

Ya sentados todos a la mesa, Enrique hizo la señal de la cruz y se pusieron a comer, hacía tiempo que respetaban ese gesto antes de empezar a comer. Sabían que no era buena idea crear una discusión con él y es que, además, quien no tenía alguna pequeña manía después de un pequeño apocalipsis.

 

-¿Como puedes comer esa mierda?- Dice el doc.

-Tu comer cecina de nostras vacas que miran con ojos tristes cuando matas. Lagartos no miran igual. No es tan triste. Además bichos ricos ricos con tomate ¿Quieres?- Según lo dice corta por la mitad una lagartija, muerde el vientre abierto y justo después da un pequeño mordisco a un jugoso tomate procurando que su jugo no se derrame. El Doc torció el gesto y siguió comiendo su trozo de pan duro con cecina y compota de manzana.

 

Apartir de hay se hizo un silencio sepulcral donde solo se oía el masticar.

 

Desde luego… Aquí rodeada de hombres que no tienen ni idea de lo que tenemos que hacer. Protegiéndome, sí , sí… ¡Ja! Cuando son ellos los que llaman a los problemas a gritos. Iba mejor sola a mi bola, discretamente, si no fuera porque igual hay que cargar con mucho material…

Y ahora este pesado, porque no deja de mirarme el payaso del Andrés…

No me gusta cuando le veo atravesarme con su mirada y su sonrisita cuando lo descubro. Este doctorucho engreído es un creido y un pedante. Se lo dije a David, no lo quería en la expedición. Pero al final nuestro querido alcalde siempre tiene la última palabra, como para decirle algo… A saber sus razones. Lo que está claro es que no me gusta, es más divo que el ruso… Ivan al menos lo es por algo, antes era una estrella y ahora un incomprendido como yo… No respetan ni valoran nuestra labor y eso que la mía es más práctica. ¡Ja! Quisiera ver como se las arreglaban sin la electricidad en el pueblo. No saben lo difícil que es mantener… Al menos tengo el beneplácito del alcalde y me dejan tranquila con mis cosas. Prefería cuando estaba a mi bola, pero he de reconocer que en el pueblo tengo todo lo que necesito. Cuanto voy a echar de menos mi taller estos días.

Vaya… Enrique tiene mala cara, está mayor para estos trotes, pero bueno… no podíamos salir sin él.

 

Enrique tiene su mirada vacía puesta en la hornacina, mientras mastica pausadamente un trozo de carne seca. De repente alza la cabeza.

-Cuando retomemos el viaje estar atentos. Ya veis, aquí no queda nada y eso solo significa que alguien ha aprovechado y ha arrasado con todo. Estamos cerca de Aranda del Duero y puede que esta zona sea territorio de algún grupo de renegados. Había mucha botella rota en las bodegas y nadie en su sano juicio haría algo así con un buen ribera del duero- Después de este sermón, coge con las dos manos la hornacina que tenía sin tocar y bebe el vino que contiene, con delicadeza, como si estuviera consagrado. Todos saben que es alcohólico y últimamente no debe empinar el codo todo lo que quiere. Su cara parece que mejora después de trasegar con todo su contenido de un prolongado trago.

 

No todo los días se toma un ribera del duero gran reserva de más de diez años, y menos en los tiempos que corren.

Ya sabían antes de entrar que esto no iba a ser un self service de carretera, pero los pequeños tragos de vino reconfortaron sus corazones. Descanso merecido para los expedicionarios después de un día de correrías atravesando la A1.

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