Colapsis (13) Diente León

Debajo de la alfombra no se veía nada, pero junto la chimenea la mujer coge una hoja metálica con forma de arpón, la mete por una ranura estrecha que hay en el suelo y destapa una portilla de la que descienden unas escaleras empinadas, casi verticales.

Bajan uno a uno detrás de ella. Unas luces fluorescentes se encienden y ven un laboratorio con un montón de cachivaches y pizarras con diagramas, esquemas y fórmulas incomprensibles.

–Este laboratorio es importante, podéis mirar todo con tranquilidad pero con cuidado, cuando terminéis estaré arriba y responderé las preguntas– Después de un largo silencio donde todos andan mirando a su alrededor, ya subiendo por las escaleras, se para y dice: –Así comprenderéis mejor lo que os tengo que pedir–

Están demasiado absortos para escuchar lo que les ha dicho y se quedan ahí mirando los microscopios, las neveras llenas de pequeñas probetas, los diferentes aparatajes, la campana de trabajo donde Andrés no puede contenerse y mete las manos en los guantes, los montones de cuadernos y papeles impresos, la estantería con libros de biología y de robótica. Tony queda ensimismada con unos cuantos diagramas pero pronto se frustra, le da rabia no haber podido estudiar, cree que podría haber comprendido muchas de las cosas técnicas que hay en esos escritos. Ivan lo mira todo con las manos cruzadas a la espalda, como si estuviera viendo una obra de arte en un museo. Enrique está haciendo revisión de todos los materiales que hay en una estantería, hay muchos utensilios y productos que podrían ser de valor para la comunidad.

Tony, al ver que no entiende nada de lo que hay en ese laboratorio,  sube a hablar con la mujer apelando a su sentido práctico, que les acaba de descubrir este insólito laboratorio oculto lleno de misterios, sugiriéndole un montón de preguntas.

Descubre a la mujer en la silla frente a la ventana y llorando toda compungida, a un metro de la silla había caído una cuartilla escrita a puño y letra, tirada con la tinta corrida por unas gotas que supone lágrimas, se acerca lentamente pues intenta no perturbar su momento. Coge el papel del suelo y le echa un vistazo:

Tú, diente león
Que si te esparces todo cerebro
paracaidistas van al rescate
Tú, siente león
que va volando semilla en verso
desgranando ya, aire de mente
Tú, vente león
que penetre en mí todo recuerdo
germinando así leve simiente
Tú, muerde león
Marfil hincado, no deja preso
habiendo dado, no indiferente
Tú, diente león

–Perdona– Interrumpe los llantos. –Se te calló esto–

La mujer tratando de recomponerse y con un brillo nuevo en los ojos, arrebata la hoja bruscamente de las manos de Tony. –Déjame– Continua con una brusquedad que contrasta con la delicadeza que aparentaba hace unos segundos cuando se agitaba entre sollozos quebrados.

–Lo siento no quería molestar… Sé que estará siendo un momento duro… Si quiere hablar con alguien, puede hacerlo conmigo…–

Aunque no contesta sigue con su mirada el paso corto de Tony hacia el sofá. –Me llamo Elsa– Dice cuando se iba a sentar.

Tony se gira y se acerca hacia una silla. Los demás esperan en el sótano pues justo en ese momento, Toni al verlos subir por la escalerilla, les indicó con un gesto enérgico que se quedaran ahí. Elsa no se percata de él pues está releyendo el poema. Su cara se tuerce conteniendo la tristeza.

–Lo conocí en la universidad, de aquella ni siquiera hablábamos, yo era un par de años mayor joven que él. Lo que hace el apocalipsis ¿eh? Una persona que antes no significaría absolutamente nada, se convierte en el eje central de tu vida. El me salvó ¿sabes?, bueno, supongo que es lo de siempre, todos nos hemos salvado unos a otros de algún modo. Y ahora mira…– Se queda mirando la hoja de papel con el poema.

–¿Quién era él?– Es lo único que se atreve a preguntar después de un ceremonial minuto de silencio.

–El se llama Leo y no niña no, no te atrevas a darle por muerto. Es más después de lo que os voy a contar iréis a buscarlo. Sí, eso es lo que haréis…–

Después de estas palabras, los del sótano subieron uno a uno y se sentaron para escuchar lo que esa misteriosa mujer tenía que contarles.
Ya veían que este viaje iba a ser incluso más complicado de lo que habían supuesto.

 

 

 

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