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Hace unas semanas me encontraba decidiendo que juego de mesa atrayente y entretenido podría conseguir para jugar con mi pareja, ya que por motivos de trabajo, estudio y familia se hace bastante difícil quedar con todos tus allegados  para una buena partida de rol.

Como hacía tiempo que no palpaba ninguna experiencia relacionada con el maravilloso mundo de los Mitos de Cthulhu busqué que posibilidades había, y aparte de las obvias (Arkham Horror, Eldrich Horror etc…) encontré un juego de cartas de La llamada de Cthulhu, muy atrayente, el cual decía ser un LCG (Living Card Game), es decir un juego de cartas vivo, un antiguo CCG (Collectible Card Game), un juego de cartas coleccionable como Magic the gathering , que había cambiado de formato ofreciendo un juego independiente por sí solo en una caja inicial, y que se puede complementar si se quiere con expansiones de cartas fijas, huyendo del modelo antes mencionado intentando ser más justo y más adaptable al juego de cada uno.

Después de leer en varios foros y ver diversas opiniones, seguía con dudas. Durante una larga temporada estuve jugando a Magic con mi grupo de amigos, y fue tal la explotación que hicimos del juego comprando cartas, montando y desmontando mazos, que llegó un momento en que tu mazo quedaba siempre obsoleto. Cualquiera con un mazo preconstruido nuevo, podía orinarle a tu mazo viejo sin mucho esfuerzo, yo que hacía mazos pensando en las dinámicas que quería cogiéndole cariño a mis cartas viejas hubo un momento que me fue imposible ganar a no ser que me olvidase de mis viejas cartas y me hiciese un mazo competitivo de verdad…pero no tenía ni ganas ni fuerzas para ello, y como yo gran parte de mi grupo. No fue hasta casi dos años más tarde cuando Max Power, Superunknow y más gente que compone el Dado Errante, me explicaron las carencias de este tipo de juegos y de experiencias similares a la mía, que volví a Magic tras que me presentaran el modelo de juego “pauper” , un modelo que se basaba en hacer barajas solo con cartas comunes y que hacía que te basases más en las dinámicas del color que en las dinámicas de habilidades que poseían las nuevas cartas. Y resultó que fue muy divertido.

Aún así, seguía temiendo otra especie de Magic  competitivo y consumista, así que decidí ir al bueno de Max Power que con su currículum sabía que podía aconsejarme bien a la hora de realizar la compra o no. Así fue que uno de nuestros queridos Elders  quedó con mi pareja y conmigo para tomar una cerveza y nos trajo una caja bastante amplia del viejo CCG de La Llamada ahora reconvertido en LCG, y nos explicó las virtudes que tenía el LCG que no tenía el antiguo coleccionable de cartas, y que además si planeábamos jugar entre nosotros es un juego que era controlable y que iba a ser equilibrado, pudiendo expandirlo a nuestro gusto. También nos comentó de casos de gente que aún con la dinámica del LCG, intentaban hacerse con más cartas y buscaba hacer el ultimísimo combo para ganar, pero que lo más mayores les aconsejaban que si iban a jugar así, más les valía hacer fotocopias de las cartas y no comprar respetivamente las expansiones, ya que iban a tirar el dinero en un juego que al poco abandonarían por aburrimiento al sobreexplotarlo con ese tipo de prácticas.

Una vez terminada la explicación del funcionamiento del juego, Max jugó conmigo, el cogiéndose a la Agencia y yo al Signo Amarillo (o la facción de Hastur, como prefiráis) y aunque barrió el suelo conmigo, resultó que el juego nos encantó tanto a mí como a mi novia.

Esta experiencia me hizo recordar un tema bastante manido ya por mí en anteriores post, y es que, tanto si juegas a rol con jugadores con una concepción demasiado competitiva, como si juegas al juego de mesa que sea, es precisamente el juego limpio y principalmente las ganas de jugar y pasar un buen rato con tus colegas las que harán que dicho juego haya sido una buena inversión, y no un nido de jugadores rata, que busquen el combo fácil, la trampa o humillar al contrincante hasta que este queme sus mazos, sus libros de rol o peor, no quiera volver a saber nada de estas divertidas y ( bien enfocadas) sanas prácticas, de ello se alza como testigo mis viejos mazos de Magic y, desgraciadamente mis antiguas campañas de Vampiro la mascarada, que si bien contaron con gente estupenda y muy activa, me dejaron un sabor agridulce, haciendo que me pregunte aún hoy en día si nunca debí abandonar mi querida Llamada de Cthulhu (el juego de rol).

Sea como fuese a día de hoy tengo la caja inicial de La llamada de Cthulhu LCG, y la compra ha sido más que acertada, tanto es así que ya nos preguntamos que asylum pack cogeremos, aparte de las expansiones del genial Smash Up. También espero que tanto Max Power , como otros veteranos desempolven sus viejas cartas de la Llamada, ya que no ha querido volver a jugar conmigo al Blood Bowl de pc (no le deben gusta los egipcios y los enanetes del caos).

Vale, y os preguntareis cual es la moraleja de esta historia ¿Qué nos compremos el juego de cartas de La Llamada de Cthulhu? ¿Qué los LCG molan? ¿Qué no hay que gastarse el dinero en drogas? No.

La moraleja es: Disfruta con tus amigos…¡Y juega limpio, coño!

1 comentario

  1. A ver, respondo por alusiones…

    Primero, que no os engañen, no fue una cerveza, fueron muchas más… porque de hecho yo terminé cenando allí, comiendo zamburiñas sobre cama puré de patata violeta con aire de alga y perlas de albariño y bebiendo IPAs como un condenado.

    Segundo, efectivamente, los picoletos barrieron el suelo con los chiflados de Hastur 😀

    Tercero, a blood bowl te gano cuando sea y donde sea… siempre que tenga 2 horas libres y esté en casa, claro 😛

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