Peor imposible: Gore, bárbaros y tetas

Como ya sabéis, la semana pasada estuvimos dedicados a ver cine del que merece la pena: de sangrientos desmembramientos, de bárbaros musculosos en taparrabos, de tias en bolas… desgraciadamente fue en el festival gijonés Peor… ¡Imposible!, cuyo objetivo es presentar cine chungo, donde las pelis de serie B son derroches de presupuesto y buen hacer.

A pesar de no haber podido ir a todas las sesiones (ya que los fines de semana libres de obligaciones son para tirar dados poliédricos de colorines), un servidor se ha tragado alguna que otra infame peliculilla.

Emanuelle y los últimos caníbales (Joe D’Amato 1977)

Una emanuellexploitation en la que una Emanuelle periodista se lía la manta a la cabeza y se va de excursión al Amazonas a buscar la última tribu de caníbales acompañado de un antropólogo. A lo largo del feliz viaje se les unen varios personajes: una monja, una exploradora y sus indios Felipe y Manolo, un cazador impotente y su mujer, el porteador negro que se zumba a la mujer del impotente…

La densidad de tetas es más o menos de una escena cada 5 minutos, lo que aparentemente puede estar bien, pero llega a cansar tanta escena ya cortando el trepidante ritmo de la cinta, donde los caníbales van cazando a la peña uno a uno para comerse sus pezones e intestinos…

Personalmente destacaría de esta gran obra la escena con los cocodrilos, el chimpancé fumador y cuando parten al cazador impotente a la mitad. Bueno, la banda sonora era especialmente demencial. Y luego el montaje, que es para echar de comer a parte.

Más allá del terror (Tomás Aznar, 1980)

Buuuuuu, una caca de peli. Muy poco ambiciosa para lograr los estandares de cutrismo necesarios.

En esta peli unos quinquis, que matan gratuitamente a todo el que se cruza en su camino, son aparentemente maldecidos por una señora, de esas en plan viuda de pueblo con pañuelo negro en la cabeza, que vive con un crío en una casa, llena de menoras (esos candelabros raros de 9 velas muy usados por judíos), y a los que queman vivos por ser testigos de no sé qué.

Su principal cutrez reside en un guión lento y aburrido… y eso no tiene suficiente chica. Lo único reseñable es que explota una cabeza justo antes de los créditos. No mola.

Tunka, el guerrero (Joaquín Gómez Sáinz [Dan Barry], 1983)

Tunka2Tunka, ¿una apasionante pelicula de bárbaros con el mito de la caverna de Platón de telón de fondo o simplemente gente que va a caballo de un sitio para otro? Me perdí los primeros 5 minutos de peli, así que no lo tengo muy claro.

Parece ser que la historia estaba ambientada en una época en la que las mujeres gobernaban el mundo en plan amazonas, pero unos hombres muy malos se les revelaban y pese a gobernar a todo kiski por la fuerza tenían que recurrir a esclavos hombres. Muy coherente.

Lo que sí es cierto es que la cutrez es muy digna, con las pelucas, las espadas que se doblan y los trajes de las tipas hechos según el patrón de los Picapiedra. A destacar los señores de cejas raras que aparecen. El primero es algo así como un narrador que se dedica a decir incoherencias encima de una roca y a no interactuar con nadie.

El segundo cejudo es una especie de Tino Casal maligno, con un halcón atado al antebrazo, que se dedica a estar por ahí, en plan consejero maligno. Luego resulta ser el mal personificado, como el reaggeton, pero con las cejas lamidas por una vaca. A esto hay que sumarle que maltrataba a su halcón de tanto agitarlo en el brazo durante las escenas a caballo. No pueden decir eso de “durante el rodaje de esta pelicula no se ha maltratado ningún animal”.

Fijaos si será chunga la película que no llegó a estrenarse comercialmente. De hecho, no encuentro el trailer por ninguna parte… así que os tendréis que conformar con el cartel.

Ator 2, el invencible (Joe D’Amato, 1984)

Canela fina. No es tan cutre como la de Tunka, claro, pero el derroche de medios al servicio de la historia nos lo compensan regalándonos momentos que la cinta española no habría podido hacer de haber querido. La escena de AviAtor, sin ir más lejos.

Todo empieza cuando una tipa y su señor padre discuten en el típico laboratorio-cueva (¿Cómo que no es algo común? ¿y que es sino la bat-cueva?) sobre que les va a invadir un señor con bigote postizo y que tiene que ir al confín del mundo a buscar a Ator.

En el confín del mundo, sitio al que la tipa llega caminando, nos encontramos a AviAtor haciendo ejercicios de pecho mediante unas poleas con rocas gigantes, mientras un chino escribe algo que tiene que dejar porque nuestro querido adonis tiene que ejercitar los músculos del abdomen, como no, con un buen entrenamiento a hostias. Todo esto en otro laboratorio-cueva, claro.

A partir de aquí, la cosa empeora… ¡y lo que nos alegramos nosotros!

Lechugas adormecedoras, pólvora hecha raspando las rocas de la pared y polvo del suelo, una serpiente gigante de trapo, la entregada interpretación de la actriz co-protagonista en la cueva de la serpiente que confunde el registro de una escena de terror con el de una de una porno de los 90, la música de cuento de hadas en las persecuciones, la hostia del maloso al señor padre del principio (vease bajo estas líneas y apreciese que dado el nivel de artes marciales del resto de la peli se sospecha que la hostia se la calzó de verdad)… Todo grandes escenas y elementos que conforman esta obra de arte de la espada y brujería como una clasicazo inmortal.

Y luego está la escena AviAtor de la que antes hablábamos, donde el bárbaro con pelazo bombardea a los malos desde un ala-delta sacado de sabe dios donde, después de estar un buen rato sobrevolando el paraje. Tanto vuela el tio que pasa por encima de otro castillo… porque el castillo que se ve desde el aire no es el mismo que el que filman desde el suelo.

A todo esto, después de dejar la tipa compuesta y sin novio, la pelicula termina con una suerte de puesta de sol que muta en una explosión nuclear (con hongo y todo) para dar paso a una escena bucólico-pastoril de Ator montado a caballo durante un minuto o así.

Y como colofón final, como Best practices anotadas para el año que viene, me apunto llevar pizzas para cenar.

¡Qué le vamos a hacer! Es el encanto de lo cutre, que nos atrae cual sirena… Cual sirena de peli de serie B enseñando pechuga.

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